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Anatomía de una presidenta

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1 Anatomía de una presidenta el Lun Nov 02, 2009 2:42 am

Anatomía de una presidenta

Esperanza Aguirre no es una anécdota en las sucesivas crisis de la derecha

Cuando pase el próximo martes y Mariano Rajoy haya apartado el estigma del santo Job, quizá González Pons pueda exclamar de verdad que "se acabó la fiesta" del PP. Mientras llega ese día con sus decisiones, no descartéis nada: ni que se cometan nuevos errores, ni que se enfile la senda del acierto, ni que personajes como Aznar pongan nuevas bombas lapa bajo el asiento del líder conservador, ni que esta vez Rajoy sepa reaccionar a la fuerza. Con la metáfora del santo Job está queriendo decir que hasta ahora tuvo toda la paciencia con los personalismos, las ambiciones, los engaños y las debilidades de sus dirigentes. Ahora va a coger su fusil.
Su natural bondadoso no le ha proporcionado ventajas visibles. Al revés: su filosofía de no perseguir corruptos hasta verlos imputados fue confundida con falta de decisión. Su tolerancia con los díscolos, con ausencia de autoridad. Y su actitud de esperar que pasaran los conflictos, con incapacidad para restablecer el orden. De ahí a poner en duda su aptitud como candidato sólo había un paso, y se dio esta semana. Se oyeron tres bocinazos que le pusieron firme. Uno, nada menor, de Juan Vicente Herrera, presidente de Castilla y León, que planteó esta disyuntiva: o resuelven el caos, o que no cuenten con él. Otro, los mensajes de una militancia que empieza a dar síntomas de desaliento. Y el tercero, de José María Aznar con su trueno barcelonés: "Un líder, y no varios".

¿Quiénes son esos varios? De los que Aznar tenía en agenda, sólo queda Rajoy: Mayor está en Europa y Rato se descuelga del cartel con la presidencia de Caja Madrid. Ahora, dejémonos de historias: la rival vuelve a ser Esperanza Aguirre. La presidenta de Madrid no es una anécdota en las sucesivas crisis de la derecha. Siempre saca cabeza como alternativa. Y tiene todo lo que hay que tener. Tiene base en el partido. Enlaza con esa sensibilidad de la derecha que pide arrojo y claridad en el discurso. Conecta con una militancia y un electorado de clase media y media-baja, como demostró al arrebatar a la izquierda el antiguo cinturón rojo de la capital. Y no siente miedo ni vértigo a la hora de combatir al adversario, como sabe Ruiz-Gallardón. Si Manuel Cobo es finalmente sancionado, no es porque lo quiera Rajoy, sino porque Aguirre lo exige.

Ahora, con el vodevil de Caja Madrid, ha demostrado que sabe acumular poder: Corporación Industrial Cibeles, accionista de referencia de Iberia, alianza estratégica con Mapfre, consejos de administración que consuelan a cesantes de la política, crédito municipal, financiación de grandes empresas y atención: paño de lágrimas y lugar de endeudamiento de poderosos medios informativos. Sólo ha cometido un error: intentar colocar a un hombre demasiado identificado con ella y demasiado débil ante Rodrigo Rato. Si le llega a salir bien, quitaos el sombrero. Si no le sale bien, seguirá ahí, siendo la deseada de una facción del PP que encontró en ella el talante opuesto al de Rajoy, y que ve en ella lo más parecido a las formas de Aznar.

La humillación
La verdad es que impresiona: Macià Alavedra y Lluís Prenafeta, esposados. Ellos y los demás detenidos cogiendo sus enseres entre guardias y en una bolsa de la basura. Del poder que muchos consideraban omnímodo al bochorno ante todo el país. Quizá no haya un espectáculo político más doliente ni degradante. ¿Por qué conmueven más que otros detenidos? Porque son más conocidos. Y la viva imagen de la humillación del poder.

El punto débil
La actitud de Francisco Camps es admirable desde el punto de vista personal: quiso desagraviar tanto a su querido Ricardo Costa que intentó hacerlo conseller. Pero obligó a Rajoy a prohibir el nombramiento. Y es que al sainete último del PP sólo le faltaba eso: que un destituido por la dirección nacional fuese encumbrado por una dirección regional. Es en estos casos cuando Rajoy tiene que decir "joder, qué tropa".

Por puntos
Y que no falte el humor. Cuando los notables del PP discutían qué hacer con Costa, Manuel Cobo y otros rebeldes que puedan surgir, un diputado tuvo la idea: ¿Y por qué no un carnet de militante por puntos? Doce puntos por militante y carnet. Y cada infracción o indisciplina se penalizaría. Todo un hallazgo para tiempos revueltos, pero no prosperó.

http://www.lavanguardia.es/politica/noticias/20091031/53814738034/anatomia-de-una-presidenta-rajoy-pp-aguirre-aznar-madrid-job-jose-maria-aznar-francisco-camps-lluis-.html

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