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El lago Urmía agoniza

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1 El lago Urmía agoniza el Vie Oct 30, 2009 10:55 pm

El lago Urmía agoniza

Grupos políticos de Irán señalan que el problema en su conservación es la indiferencia del gobierno hacia las regiones no persas del país

El lago Urmía, reserva de la biosfera de la UNESCO desde 1976 y Parque Nacional, se encuentra en grave peligro de desaparecer. Localizado en el noroeste de Irán, no lejos de la frontera con Turquía, es un hábitat único de una belleza incomparable y de un valor ecológico incalculable.

El lago Urmía es un lago hiper-salado situado al noroeste de Irán, entre las provincias de Azerbaiyán Oriental y Azerbaiyán Occidental, y las ciudades de Tabriz y Urmía. Es el vigésimo más grande del mundo, y el segundo con mayores reservas de sal. La concentración de sal es tal, que ningún tipo de pez puede vivir en él, aunque sí pequeños crustáceos. Sin embargo, todos los años aves migratorias, como los pelícanos o los flamencos, lo visitan y descansan en sus 102 islas de distintos tamaños. Por sus cualidades únicas, atrae la atención de científicos de todo el mundo.

Pero no sólo lo visitan aves migratorias, sino que es una atracción turística local, especialmente en verano. Sus hermosas playas están llenas siempre de familias y grupos de amigos, que se bañan en él, pues es conocido por las propiedades medicinales de sus aguas, hacen picnic y se llevan trocitos de sal de recuerdo. No muy lejos, hay varios puestos de helados, flotadores, y dispensadores de agua caliente para preparar el té; también hay pequeñas embarcaciones que cruzan este mar de sal y con las que se pueden visitar las islas o simplemente navegar un rato disfrutando del paisaje. Las islas son curiosas por sus formas, naturaleza y, en el caso de la segunda más grande, por hechos históricos, ya que allí fue enterrado Hulagu Khan, nieto de Gengis Khan.

Sin embargo, y a pesar del valor histórico y ecológico de la zona, al gobierno de la república islámica no parece preocuparle lo más mínimo su estado. Los niveles de sal por centímetro cúbico se han disparado en los últimos años debido al descenso del nivel del agua, ya que el caudal de sus afluentes ha ido disminuyendo lenta pero inexorablemente a causa de la construcción indiscriminada de presas, sin ningún estudio previo del impacto medioambiental. Pese a las denuncias de expertos y ecologistas internacionales, las autoridades no han llevado a cabo ningún tipo de investigación, ignorando el hecho de que una alteración en el ecosistema del lago, o su propia desaparición, afectaría a todo el clima del área, y por tanto a toda su población. La última acción del gobierno ha sido dinamitar un pequeño monte para rellenar una parte y construir sobre ello la carretera Shahid Kalantary.

Estudios de la Universidad de Urmía afirman que el lago podría desaparecer antes de lo esperado, en unos siete años. Se han construido ya 20 presas en distintos tramos de los ríos que alimentan este escenario único, sobre todo en dos de ellos: el Simineh y el Zarrineh. Hasta ahora, 275 proyectos han sido estudiados, de los que sólo 213 fueron aceptados como viables. Entre ellos, hay 71 presas, 124 instalaciones de transporte de agua, 17 proyectos de bombeo y 19 dispositivos para evitar inundaciones. En 2017, el número de presas en el área del lago será de 40.

De acuerdo con diversas investigaciones, la demanda de agua para la agricultura es mayor que para las ciudades y pueblos (que tan sólo consumen un 9,1% del total); y el gobierno en vez de intentar evitar las fugas y solventar la falta de eficiencia a la hora de utilizar el agua en las explotaciones agrícolas, ha decidido construir más presas en contra de la opinión de los expertos. Es decir, que si se modernizase y se supervisase cuidadosamente la canalización, riego y almacenamiento de tan escaso y preciado líquido, no habría que represar tanto los ríos y el lago podría sobrevivir. Para hacernos una idea, si la tendencia continua, en 2020 casi cuatro billones y medio de metros cúbicos al año almacenados por presas se perderán, mientras que sólo un trillón y medio será consumido eficientemente.

Hasta ahora, más de un cuarto de su superficie (1200 km2) se ha convertido en un desierto salado, con capas de sal de un grosor de 60-70 centímetros. Si no se pone remedio, este paraje está abocado a compartir el mismo destino que el mar de Aral.

Si el lago Urmía desapareciera, no sólo causaría la muerte de numerosos ejemplares de artemia, que le dan ese color rojizo, y de aves, sino también el abandono de 40 pueblos al este del lago y el consiguiente desplazamiento de su población. Los vientos salados ya está destruyendo los cultivos de manzana y uva que hay a su alrededor, y esto sólo es el principio. Ya hay un precedente de esto en Irán, que tuvo lugar en el Sistán iraní cuando el río Hirman, que pasa por Afganistán, dejó de llevar su agua al lago Hamún, que se secó y desplazó a miles de personas.

Diversos grupos políticos del interior de Irán señalan que el principal problema en la conservación del lago es la indiferencia del gobierno, que no la perciben como sólo una indiferencia hacia este lago o las cuestiones medioambientales en general, sino hacia todas las regiones no persas del país, en especial a las habitadas por turcos.

"El gobierno pro-persa de Ahmadinejad no ha hecho sino agravar una situación que se ha ido acentuando desde 1979 (año de la Revolución Islámica), pero que ya empezó en tiempos del Shah. Sin embargo, en aquella época teníamos a Farah (refiriéndose a la mujer de Mohammed Reza Shah, Farah Diba, originaria de Tabriz, capital de la provincia Azerbaiyán Oriental), que siempre veló por la región", dice Hossein (nombre ficticio), un lugareño.

"Destruyen sistemáticamente las culturas no persas, no nos dejan educarnos en nuestra lengua (turco azerí), ni aprenderla en las escuelas, se ríen de nuestro acento, en los medios nos describen como seres por civilizar y se permiten insultarnos públicamente, incluso en tiras cómicas (haciendo alusión a la tira cómica publicada en 2006 en el que una cucaracha respondía a un persa diciendo "¿qué?" en turco, y que fue publicado por la agencia gubernamental de noticias de Irán, lo que provocó manifestaciones multitudinarias y protestas en las regiones turcas, y que fueron reprimidas por policía y ejército)", añade Yashar, natural de Urmía (también nombre ficticio). Y continúa: "si al menos hubiera prosperidad económica... Pero toda la industria que antes estaba aquí, la han llevado a regiones persas como Esfahán o Teherán, a las que han embellecido, mientras que las nuestras decaen lentamente ante nuestros ojos. Y ahora el lago está desapareciendo".

"Parecen haber olvidado que fue la dinastía turca safaví la que hizo de Esfahán su capital y construyó los monumentos de los que hoy se enorgullecen, o de que fue la dinastía Qajar, también turca, la que hizo capital a Teherán", añade Hossein. "Tienen miedo de un Azerbaiyán fuerte, sin darse cuenta de que nosotros también somos iraníes y amamos a nuestro país, nuestra cultura es iraní, nuestro aspecto también lo es, sólo nuestro idioma es diferente", concluye.

Hoy en día, los turcos azeríes constituyen según fuentes oficiales un 25% de la población de Irán, siendo la minoría étnica más numerosa del país. Según el principio 15º del capítulo 2º de la constitución iraní "la lengua y la escritura oficial y común del pueblo iraní es el persa (...) pero se permite el uso de de las lenguas locales y tribales en la prensa y los medios públicos de información, así como enseñar su literatura en las escuelas junto con el persa". No obstante, la realidad es que la enseñanza de la lengua azerí y su literatura en la escuela está de facto prohibida y sólo recientemente se ha abierto un curso en la universidad, aunque sí hay espacios televisivos en turco en la televisión regional gubernamental y se pueden publicar periódicos en azerí, pero en la mayoría, el turco tiene que compartir espacio con el persa, ya que es la lengua de educación en la que todo el mundo sabe leer y escribir.

El destino del lago parece no sólo estar ligado a la voluntad del gobierno de mantener un enclave ecológico de primera importancia y de gran atractivo turístico. También está ligado a la capacidad que aquel tenga de preocuparse por desarrollar sosteniblemente las regiones en que habitan las minorías étnicas del país e integrarlas en el sistema, en vez de excluirlas, teniendo en cuenta que hay un marco constitucional que permitiría una coexistencia en armonía. Precisamente lo que más aman los iraníes, sean azeríes, kurdos, árabes, persas, armenios o de cualquier otra etnia, es lo diverso que es su país, en el que todos son diferentes, pero comparten un trasfondo cultural del que siempre se muestran muy orgullosos, y del que todos se sienten parte.

¿Sobrevivirá el lago Urmía al polvorín étnico iraní? Esperemos que sea así, la pérdida de un ecosistema no perjudica a una etnia u otra en particular, sino que perjudica al conjunto de la humanidad.

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